Silvia en la Cocina

jueves, 25 de mayo de 2006

Los ángeles ...

" A través de esos libros escucho las voces de los que lograron lo que se propusieron"

Los ángeles nunca dicen "¡Hola!"

Mi abuela siempre me hablaba de los ángeles. Decía que venían a golpear la puerta de nuestros corazones para transmitirnos un mensaje.

Yo los veía en mi mente con una gran bolsa de correspondencia colgada entre las alas y una gorra de cartero puesta al descuido en la cabeza.
Me preguntaba si las estampillas de sus cartas dirían "Expreso Cielo".

-Es inútil esperar que el ángel abra tu puerta -me explicaba la abuela-.
Mira, la puerta de tu corazón tiene una sola cerradura. Un solo picaporte. Están del lado de adentro. Tu lado. Debes escuchar al ángel, desenganchar el cerrojo y abrir la puerta.

Me encantaba esa historia y le pedía una y otra vez que me dijera qué hacía luego el ángel.

-El ángel nunca dice "¡Hola!".

Sales, recibes el mensaje y el ángel te da las instrucciones:
-"¡Levántate y anda!".

Después se va volando. Entrar en acción es responsabilidad tuya.

Cuando me entrevistan en los medios, muchas veces me preguntan cómo hice para crear varias empresas internacionales sin tener una formación universitaria, de a pie, llevando a mis hijos en un cochecito desvencijado con una rueda que se salía todo el tiempo.

En primer lugar, les digo a los entrevistadores que leo como mínimo seis libros por semana, y lo he hecho desde que aprendí a leer.

A través de esos libros escucho las voces de los que lograron lo que se propusieron.

Luego, explico que cada vez que oigo llamar a una ángel a mi puerta, en seguida le abro.
Los mensajes del ángel tienen que ver con nuevas ideas comerciales, libros para escribir y soluciones maravillosas a los problemas que se me presentan en mi carrera y mi vida personal.

Me llega con mucha frecuencia un torrente interminable de ideas.
Sin embargo, hubo un tiempo en que no llamaron a mi puerta.

Fue cuando mi hija Lilly, resultó gravemente herida en un accidente. Estaba jugando en un elevador de carga que su padre había alquilado con el objeto de mover fardos para nuestros caballos. Lilly y dos chicos vecinos le habían pedido que los dejara ir montados en el elevador cuando él iba a devolverlo. Al bajar por una pendiente, se rompió la dirección del camión que los llevaba.
Su padre estuvo a punto de perder un brazo tratando de mantener el vehículo en el camino antes de que volcara.
La chiquita vecina se rompió el brazo. El padre de Lilly quedó inconsciente.

Lilly quedó atrapada boca abajo con el enorme peso del elevador sobre la mano izquierda.
Se derramó combustible sobre su muslo.
El combustible arde aunque no esté encendido. El otro niño que iba con ellos salió ileso y actuó rápidamente. Corrío a detener el tráfico.

Llevamos de inmediato a Lilly al Hospital Ortopédico, donde le hicieron una serie de operaciones en las que le iban amputando cada vez una parte mayor de la mano. Me decían que cuando un miembro humano se desprende, a veces se lo puede volver a coser, pero no si está roto o aplastado.

Lilly había empezado a tomar clases de piano. Como soy escritora, tenía grandes expectativas de que al año siguiente tomara clases de dactilografía.

En esa época me apartaba para llorar a solas, pues no quería que los demás me vieran. No podía parar.
Veía que no podía concentrarme para leer. Ningún ángel llamaba a mi puerta. Había un silencio denso en mi corazón.
Pensaba constantemente en todas las cosas que Lilly nunca haría, a causa de su terrible accidente.

Pensaba una y otra vez:
"¡Nunca podrá escribir a máquina! Nunca. Nunca".

Dejamos su bolso en la habitación del hospital y de pronto nos volvimos porque una adolescente en la cama de al lado nos dijo con voz enérgica:

"¡Los estaba esperando! Salgan al pasillo ya mismo, tercera habitación a la izquierda. Hay un muchacho que se lastimó en un accidente de moto. Vayan allí y levántenle el ánimo, ¡ahora mismo!".

Hablaba como un mariscal de campo. Obedecimos al instante. Fuimos a ver al muchacho, lo alentamos y luego volvimos a la habitación de Lilly.
Por primera vez, noté que esta jovencita poco común estaba muy encorvada.

-¿Quién eres? -pregunté.

-Me llamo Tony Daniels -sonrió.
Voy a la escuela secundaria diferencial. ¡Esta vez los médicos van a hacerme dos centímetros y medio más alta! Tuve polio, ¿sabe? Me han hecho muchas operaciones.

Tenía el carisma y la fuerza de un teniente general. No pude evitar que las palabras brotaran de mi boca.

-Pero tú no eres discapacitada - dije de golpe.

-Oh, sí, tiene razón -respondió, mirándome de reojo- En el colegio nos enseñan que no somos discapacitados en tanto podamos ayudar a alguien.

Pero si conociera a mi compañera de clase, que nos da la clase de dactilografía, podría pensar que es discapacitada, porque nació sin brazos ni piernas.

Pero nos ayuda enseñándonos a escribir a máquina con una varita entre los dientes.
¡Bang! De repente, lo oí: el ruido de golpes, empujones y gritos en la puerta de mi corazón.

Salí del cuarto y corrí por el pasillo hasta encontrar un teléfono. Llamé a IBM y pedí que me comunicaran con el gerente. Le dije que mi hija había perdido prácticamente toda su mano derecha y le pregunté si tenían diagramas de teclado para una sola mano.

-Sí -repondió-. Tenemos diagramas para mano derecha, mano izquierda, modelos que muestran cómo usar los pies para escribir con pedales y hasta con una varilla entre los dientes. Los folletos son gratuitos. ¿Adónde quiere que se los mande?

Cuando finalmente Lilly pudo volver al colegio, llevé conmigo los folletos con los diagramas de dactilografía para una sola mano. Todavía tenía la mano y el brazo enyesados con grandes vendajes.

Le pregunté al director si, pese a lo pequeña que era, Lilly podía tomar clases de dactilografía en vez de gimnasia.

Me dijo que nunca se había hecho y que tal vez el profesor de dactilografía no quisiera problemas suplementarios, pero que de todos modos podía preguntarle.

Cuando entré en la clase de dactilografía noté enseguida que en las paredes había carteles con citas de Florence Nightingale, Ben Franklin, Ralph Waldo Emerson y Winston Churchill.

Respiré hondo pues me di cuenta de que estaba en el lugar indicado.

El profesor me explicó que nunca había enseñado a escribir a máquina con una mano, pero que trabajaría con Lilly durante la pausa del almuerzo.

-Aprenderemos a escribir con una mano los dos juntos.

Muy pronto Lilly escribiría a máquina todos sus deberes de la clase de inglés.

Su profesor de inglés de ese año había tenido polio. El brazo derecho le colgaba inerte a un costado.

-Tu madre te mima demasiado, Lilly-la reprendió-. Tienes la mano derecha bien. Debes hacer tus tareas sola.

-Oh, no, señor -le sonrió Lilly-. Escribo hasta cincuenta palabras por minuto con una mano.

Trabajo con un diagrama especial de IBM para una sola mano. El profesor de inglés se sentó y le dijo lentamente:

-Mi sueño ha sido siempre poder escribir a máquina.
-Venga a la hora del almuerzo. Al dorso de mi diagrama está el de la otra mano. ¡Se lo enseñaré! -le propuso Lilly.

Después de la primera clase conjunta a la hora del almuerzo, Lilly vino y me dijo: Mamá, Tony Daniels tenía razón. Ya no soy discapacitada, porque estoy ayudando a alguien a realizar su sueño".

En la actualidad, Lilly es autora de dos libros reconocidos a nivel internacional.

Le enseñó a todo el personal de nuestra oficina a usar nuestras computadoras con el mouse a la izquierda, porque de ese lado lo hace mover ella con el dedo que le quedó y el muñón del pulgar.

Shhh. ¡Escucha! ¿Oyes los llamados? ¡Gira el picaporte! ¡Abre la puerta!

Por favor, piensa en mí y recuerda: Los ángeles nunca dicen "¡Hola!". Su saludo es siemrpre: "Levántate y anda!".

Dottie Walters

Comentarios

Añadir un comentario