Viernes, 14 de abril de 2006
Nadie es totalmente perfecto; todos tenemos nuestras limitaciones, que no ser?n producto de una mala voluntad, pero s? fruto de la humana naturaleza, d?bil e imperfecta.
Hasta el sabio m?s sabio reconoce que hay cosas que ignora; m?s a?n: cuando m?s sabio es, m?s reconoce y lamenta el mundo ilimitado al que no alcanza con sus conocimientos, incluso en su propia especialidad.
Hasta el santo m?s santo reconoce que tiene sus defectos e imperfecciones; m?s a?n, cuanto m?s santo es, tanto m?s humillado se siente, pues ve y lamenta que le falta mucho a?n para llegar a conseguir la perfecci?n.
No temas, por lo tanto, reconocer en ti limitaciones, imperfecciones y defectos; recon?celos y si?ntelo profundamente. Si pensaras que no tienes defectos, ser?a argumento irrebatible para probar que distas mucho de la sabidur?a y la santidad; si lo reconoces, est?s demostrando sin palabras, pero con hechos, que tiendes a ambas cosas: a la ciencia verdadera y a la santidad.

El esfuerzo por la propia peri es una t?cita confesi?n de las propias deficiencias. ?Es justo ante Dios alg?n mortal ?Ante su Hacedor es puro un hombre?? (Job 4, 17). ??Como puede ser justo un hombre ante Dios? Si pretende contender con El, no podr? responder una vez entre mil? (Job 9, 2-3).
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