S?bado, 15 de abril de 2006
Cuando tienes hambre, te hallas molesto mientras no satisfaces tu apetito; ?no sientes que algunas veces tu esp?ritu tambi?n est? hambriento?
Claro est? que si tu cuerpo se alimenta de pan y carne, tu esp?ritu tiene su alimento propio, que ser? la verdad y el bien; piensa y detente a sentir las necesidades de tu esp?ritu.
Cuando tu cuerpo se halla cansado, agotadas las fuerzas, tambi?n te sientes bien; pero no estar? de m?s el caer en la cuenta de que, en otras ocasiones, es tu esp?ritu el que puede sentir el cansancio, el agotamiento, la desilusi?n, el descontento de ti mismo, cuando has llegado a comprobar que no eres lo bueno que deber?as ser.
Te propongo esta sencilla oraci?n: ?Se?or, haz que si debo sentir hambre y sed y cansancio en mi cuerpo, no los sienta en mi esp?ritu; que siempre te bus- que a Ti, que eres capaz de calmar todas mis ansias?.

El hambre de Dios no es menos torturante que el hambre de pan; son muchos los que sacian su apetito, pero viven torturados por d hambre de Dios. ?Mandar? hambre a la tierra, mas no hambre de pan, ni sed de agua, sino de o?r la Palabra de Yahv?. Entonces vagar?n de mar a mar, de norte a levante andar?n errantes en busca de la Palabra de Yahv?, pero no la encontrar?n? (Am?s 8, 11-12). ?No estar?s llamado t? a ofrecer esa Palabra
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