viernes, 14 de abril de 2006
8 DE ABRIL
No serás feliz si eres estudiante y no estudias; si eres trabajador y no trabajas; si eres profesional y no cumples con tu profesión; en ninguno de estos casos serás feliz.
No serás buena persona si eres superior y no sabes obedecer a tus respectivos superiores, ni mandar a tus subordinados; si eres esposo y no respetas y tratas con cariño a tu esposa; si eres hijo y no atiendes minuciosamente a tus padres, quizá ya ancianos; si eres cristiano y no eres testimonio de Cristo; en ninguna de esas circunstancias puedes tenerte corno buena persona.
Para ser feliz hay que ser bueno, pues la felicidad es una consecuencia de la buena conciencia; y es la buena conciencia la única que nos puede certificar de nuestra bondad.
Bondad y felicidad: dos realidades que entre sí se relacionan, que se entremezclan, que ínter dependen; buscar o pretender una sin la otra es desviar el camino, es equivocar la ruta, es condenarse a no poseer ni la una ni la otra.
Cuando un cristiano cobra conciencia de que es hijo de Dios, no puede menos de rezar con los salmos: “Alegraos en Yahvé, oh justos, exultad, gritad de gozo todos los de recto corazón!” (Salmo 32, 11). “Justas, ¡alegraos en Yahvé, celeebrad su memoria sagrada!” (Salmo 97, 12). “Se alegren los que a ti se acogen, se alborocen por siempre; tú los proteges, en ti exultan los que aman tu Nombre” (Salmo 5, 12).
No serás buena persona si eres superior y no sabes obedecer a tus respectivos superiores, ni mandar a tus subordinados; si eres esposo y no respetas y tratas con cariño a tu esposa; si eres hijo y no atiendes minuciosamente a tus padres, quizá ya ancianos; si eres cristiano y no eres testimonio de Cristo; en ninguna de esas circunstancias puedes tenerte corno buena persona.
Para ser feliz hay que ser bueno, pues la felicidad es una consecuencia de la buena conciencia; y es la buena conciencia la única que nos puede certificar de nuestra bondad.
Bondad y felicidad: dos realidades que entre sí se relacionan, que se entremezclan, que ínter dependen; buscar o pretender una sin la otra es desviar el camino, es equivocar la ruta, es condenarse a no poseer ni la una ni la otra.
Cuando un cristiano cobra conciencia de que es hijo de Dios, no puede menos de rezar con los salmos: “Alegraos en Yahvé, oh justos, exultad, gritad de gozo todos los de recto corazón!” (Salmo 32, 11). “Justas, ¡alegraos en Yahvé, celeebrad su memoria sagrada!” (Salmo 97, 12). “Se alegren los que a ti se acogen, se alborocen por siempre; tú los proteges, en ti exultan los que aman tu Nombre” (Salmo 5, 12).

