Viernes, 14 de abril de 2006
No es tan f?cil acertar en la posici?n o actitud que adoptemos respecto de nuestro pr?jimo:
? podemos prescindir de ?l; es una posici?n simplista; pretende solucionar los problemas de un solo corte; el pr?jimo en su casa y nosotros en la nuestra; esta posici?n no es soluci?n y aun empeora nuestra posici?n;
? podemos tener en cuenta al pr?jimo como si fuera un juguete con qu? entretenemos; cuando nos sirve para el juego, bien; si no sirve, se deja; hemos ca?do al abismo del ego?smo y la injusticia;
? podemos tener al pr?jimo como un pelda?o que puede ayudarnos en nuestra escalada de posiciones, que mejore nuestra situaci?n personal, familiar o social; esto ya es repugnantemente injusto;
? podemos y debemos tener al pr?jimo como un semejante nuestro; lo mismo que nosotros, con derechos humanos; lo mismo que nosotros, verdadero hijo de Dios.

?El amor de Cristo nos apremia al pensar que si uno muri? por todos, todos por tanto murieron. Y muri? por todos, para que ya no vivan para s? los que viven, sino para Aquel que muri? y resucit? por ellos? (II Cor. 5, 14-15). Y si Cristo muri? por nuestros hermanos, y nosotros debemos imitar a Cristo, ?no deberemos tambi?n nosotros morir por ellos? Porque morir por ellos es negarse alg?n gusto para que ellos se lo den; renunciar a nuestro criterio para seguir el de ellos, etc?tera.
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