jueves, 30 de marzo de 2006
30 DE MARZO
Hay más cosas buenas de las que tú crees; quizás no las sabes descubrir; es preciso mirarlas, descubrir las, valorarlas.
No te dejes engañar por la propaganda ni por el ruido; pues si el ruido hace mucho daño y poco bien, el bien hace mucho provecho y poco ruido.
El acto criminal será publicitado como noticia; el acto de virtud no será ni mencionado ni valorado, porque se lo desconoce.
Ese cartero que soporta el calor y el cansancio al recorrer las calles, la telefonista que atiende rápidamente los llamados, el empleado que está pronto para ponerse a disposición del cliente, el colectivero que tiene paciencia ante los reclamos de los pasajeros, la madre que soporta la soledad mientras atiende a su niño enfermo, el padre que desgasta sus fuerzas por los suyos; esos y miles y miles más están haciendo actos buenos; pero nadie se fija en ellos y por ser actos comunes y diarios nadie los valora.
“¡Ay de los que llaman al mal bien, y a/ bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!” (Is. 5, 20). Siempre es más agradable y más eficiente y constructivo trasmitir el bien y olvidar el mal, hacer resaltar el bien y ocultar el mal, fijarse en lo bueno, que no sacar a relucir lo malo.
No te dejes engañar por la propaganda ni por el ruido; pues si el ruido hace mucho daño y poco bien, el bien hace mucho provecho y poco ruido.
El acto criminal será publicitado como noticia; el acto de virtud no será ni mencionado ni valorado, porque se lo desconoce.
Ese cartero que soporta el calor y el cansancio al recorrer las calles, la telefonista que atiende rápidamente los llamados, el empleado que está pronto para ponerse a disposición del cliente, el colectivero que tiene paciencia ante los reclamos de los pasajeros, la madre que soporta la soledad mientras atiende a su niño enfermo, el padre que desgasta sus fuerzas por los suyos; esos y miles y miles más están haciendo actos buenos; pero nadie se fija en ellos y por ser actos comunes y diarios nadie los valora.
“¡Ay de los que llaman al mal bien, y a/ bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!” (Is. 5, 20). Siempre es más agradable y más eficiente y constructivo trasmitir el bien y olvidar el mal, hacer resaltar el bien y ocultar el mal, fijarse en lo bueno, que no sacar a relucir lo malo.

