Silvia en la Cocina

lunes, 27 de marzo de 2006

27 DE MARZO

Algunos no creen en Dios porque no lo han visto nunca. Pero nunca ven a Dios porque no creen en El. ¿Cómo van a ver a quien no creen que existe?
Ese niño que juega con su autito de plástico; ese enfermo postrado en cama hace mucho o poco tiempo; ese pobre que golpea la puerta en demanda de ayuda; ese pobre obrero que trabaja de sol a sol para llevar el pan a sus hijos; ese empleado supernumerario dejado cesante en su trabajo.
En todos ésos y en muchos más está Dios, y en ellos debemos ver a Dios; si creemos que en ellos está Dios, en ellos veremos a Dios; y si en ellos vemos a Dios, los trataremos de muy distinta manera.
Lo difícil no es tanto creer en Dios, cuanto vivir de tal forma que podamos ver a Dios; porque Dios no se hace ver sino de aquellos que poseen humildad de corazón.

“Que Cristo habite por la f en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, podáis... conocer el amor de Cristo, que ex cede a todo conocimiento para que os vayáis llevan do hasta la total plenitud de Dios” (Ef. 3, 17-19). El conocimiento bíblico está impregnado de amor y no es un mero conocimiento conceptual o platónico; es un conocimiento de vida, que supone vida y lleva a la Vida. Por eso el cristiano conoce a Dios, por que lo ama, y lo ama porque lo conoce.

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