Martes, 21 de marzo de 2006
Te quejas de que los tuyos no te comprenden: ni los tuyos, ni tus dependientes, ni tu amigos, ni los que te rodean. Nadie te comprende; eres el gran in comprendido.
Pero quiero preguntarte dos cosas:
1?: ?Te comprendes a ti mismo? ?C?mo pretender que los otros hagan en ti lo que t? mismo no alcanzas a hacer?
2?: ?Qu? haces t? para que los dem?s te compren dan? En tu casa, en ni oficina, en tu trabajo, en tu c?rculo de amigos, ?qu? elementos presentas para que ellos te puedan comprender? Porque no se puede exigir a nadie un imposible; y resulta imposible comprenderte si t? no presentas comprensi?n, si no te muestras como comprensible. Dom?nate a ti mismo antes de pretender dominar a los dem?s.
Es, pues, mucho mejor que te comprendas a ti mismo y te presentes comprensible a los dem?s que quejarte de no ser comprendido.

A su disc?pulo Timoteo le advert?a San Pablo: ?A un siervo del Se?or no le conviene altercar, si no ser amable con todos, pronto a ense?ar, sufrido...? (TI Tim. 2, 24). Ser amable con todos: este consejo de Pablo es apto para todos nosotros; entonces como ahora, en tiempos de Timoteo como en nuestro tiempo, la amabilidad capta la benevolencia de todos.
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