S?bado, 11 de marzo de 2006
Si no te pareces a quien amas, es porque no amas a quien te pareces, porque el amor, o encuentra semejantes a los que se aman, o los hace semejantes.
Y, silo amas, si eres semejante a ?l, lo defender?s en su ausencia y lo amonestar?s en su presencia; y, silo defiendes, lo har?s con sinceridad y, silo amonestas, lo har?s con profunda caridad.
Si lo defiendes con sinceridad y lo amonestas con caridad, lo ganar?s para ti y para Dios, le habr?s hecho un bien, habr?s contribuido a su mejoramiento; y, al hacerlo mejor a ?l, te habr?s hecho mejor a ti mismo.
Y de esa forma te habr?s dado a los dem?s, porque el verdadero amor lleva a darse, pero a darse de ver dad, sin retaceos, ni limitaciones, sin falsificaciones, ni hipocres?as.

La actitud de caridad te llevar? en ocasiones a corregir a quien arnas; pero entonces deber?s corregirlo, porque lo arnas y no pensar que lo amas, porque lo corriges ?Sea cual fuere su agravio, no guardes rencor al pr?jimo y no hagas nada en un arrebato de violencia? (Ecli. 10, 6).
Si re examinas, con sinceridad y profundidad, ver?s que cuando corriges, o llamas la atenci?n, hay en ti un tanto por ciento de buena intenci?n, pero otro buen tanto por ciento de nerviosismo, de mal genio, de impaciencia.

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