Domingo, 05 de marzo de 2006
Todos tenernos buena voluntad; a pesar de ello, nos ofendemos mutuamente, nos molestamos unos a otros, porque no tenemos ni los mismos gustos, ni las mismas inclinaciones, ni la misma manera de ser.
De ah? la necesidad, que nos urge, de ser mutua mente comprensivos, de sabemos comprender, de di simularnos las molestias, de perdonamos, de olvidar agravios, de no ser excesivamente susceptibles.
El que perdona es digno de ser perdonado. Con la medida con que midiereis, ser?is medidos. El que comprende con facilidad ser? f?cilmente comprendido; el que es bueno con todos, conseguir? que todos sean buenos con ?l; el que ama, ser? amado; no se extra?e, el que no ama a nadie, que nadie lo ame a ?l; no se extra?e y no se queje; no se queje y no eche la culpa a otros, pues es ?l el culpable, el causante de la frialdad que nota a su alrededor.

Condici?n indispensable para que nosotros podamos rezar el Padre nuestro, es que perdonemos las ofensas que recibimos, a fin de ser perdonados de las ofensas que inferimos; que perdonemos a los hombres, para que nos perdone Dios. ?Si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene algo que reprocharte, deja tu ofrenda all? delante del airar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas una ofrenda? (Mt. 5, 23-24).
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