S?bado, 04 de marzo de 2006
Es mucho lo que nos queda por hacer: reemplazar el ardor de la violencia por la vehemencia del amor; cambiar nuestro viejo estilo de conquista en el apostolado por la m?s evang?lica actitud de servicio a los dem?s.
Es m?s bello morir por una bella causa que matar por ella; es m?s constructivo trabajar por un ?d?a de guerra para la paz? que trescientos sesenta y cuatro de paz para la guerra. Es bueno llegar a una meta, pero es mejor ayudar a otros para que lleguen con nosotros.
Es hernioso compartir el pan con el hambriento, el techo con el peregrino, la capa con el desnudo, la amistad con el solitario, la alegr?a con el triste, las l?grimas con el que llora, la angustia del que sufre, la fe con el no-creyente.
Compartir es convivir; convivir es simplemente vivir, porque una vida no se comparte, si no se convive; y si no se convive, no se vive; y si no se vive, se est? muerto. Cu?ntos que piensan vivir, est?n muertos.

Pensar en los dem?s, sufrir por los dem?s, entregarse a los dem?s; todo eso no es sino imitar al Maestro Jes?s, del que el ap?stol afirma: ?No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda complacerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado? (Heb. 4, 15).
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