Silvia en la Cocina

sábado, 25 de febrero de 2006

LA ZORRA Y LA CIGUEÑA

Hacía mucho tiempo que la zorra y la cigüeña no se veían, cuando un día se encontraron por casualidad. La cigüeña era una excelente señora, pero a la zorra le molestaba el airecito altanero con que caminaba, y se le ocurrió hacerle una broma pesada. Después de un rato de charla, dijo zalamera:
— Debemos celebrar este encuentro, amiga mía. ¿Por qué no vienes a comer a mi casa?
La cigüeña aceptó complacida y poco después estaban las dos conversando tranquilamente en casa de la zorra.
Al llegar la hora de la cena, la zorra la invitó a pasar al comedor. Una exquisita comida las esperaba pero la maligna zorra había preparado todo sobre un mármol liso como la palma de la mano y, mientras ella comía a dos carrillos, la pobre cigüeña con su pico largo y puntiagudo, no pudo probar bocado. La zorra hacía como que no veía lo que estaba sucediendo, mientras reía para sus adentros. Y como la cigüeña era muy bien educada, disimuló su malhumor y fingió que le había agradado el convite. Pero se dio cuenta de la broma de la zorra.
Poco después, volvió a pasar la cigüeña frente a la casa de su astuta amiga, y después de saludarla, le dijo:
— Quiero devolverte la atención que tuviste conmigo. ¿Por qué no vienes a comer a mi casa?
La zorra pensó que era una excelente oportunidad para comer bien sin gastar nada y, a su vez, aceptó también muy halagada.
Llegaron a casa de la cigüeña y después de charlar un rato, pasa ron al comedor. También aquí las esperaba una riquísima comida. Pero no sobre un mármol liso, sino dentro de una redoma, esto es, una especie de botella panzuda con un largo cuello fino. Por supuesto, la dueña de la casa devoró cuanto quiso, porque su pico, tan largo y tan fino como lo era el cuello de la botella, le permitía llegar hasta el fondo de la misma.
La zorra, en cambio, pasaba y repasaba su hocico por el borde, estiraba la lengua y sólo lograba lamer el vidrio frío y sin sabor alguno, en tanto que le llegaba el exquisito olor de la comida. De este modo, la cigüeña respondió con sus mismas armas a la maligna zorra.

No se puede molestar a los otros sin sufrir el castigo.

(Fedro)

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  • Fecha: domingo, 15 de abril de 2007
  •  | 
  • Hora: 9:36

Autor: Invitado

Esta es Mi fàbula favorita de todos los tiempos.

Hacia dècadas que no la leia.

Cuando era un niño, me memorizè esta fàbula, el tiempo pasò y eventualmente, solo el nombre de la fàbula se me quedò.

Y ahora que buelvo a leerla, es como si regresara a mi niñez.

QUE ALEGRIA¡¡¡¡ Sonrisa Gigante