jueves, 23 de febrero de 2006
EL BUEY Y LA CIGARRA
Arando estaba el buey, y a poco trecho la cigarra, cantando, le decía:
“ ay! ¡Qué surco tan torcido has hecho!” Pero él la respondió: “Señora mía, si no estuviera lo demás derecho, usted no conociera lo torcido. Calle, pues, la haragana reparona; que a mi amo sirvo bien, y él me perdona entre tantos aciertos un descuido.” ¡Miren quién hizo a quién cargo tan fútil! ¡Una cigarra al animal más útil! Mas, ¿ si me habrá entendido el que a tachar se atreve en obras grandes un defecto leve?
Sólo los tontos y envidiosos critican los pequeños defectos de las grandes obras.
“ ay! ¡Qué surco tan torcido has hecho!” Pero él la respondió: “Señora mía, si no estuviera lo demás derecho, usted no conociera lo torcido. Calle, pues, la haragana reparona; que a mi amo sirvo bien, y él me perdona entre tantos aciertos un descuido.” ¡Miren quién hizo a quién cargo tan fútil! ¡Una cigarra al animal más útil! Mas, ¿ si me habrá entendido el que a tachar se atreve en obras grandes un defecto leve?
Sólo los tontos y envidiosos critican los pequeños defectos de las grandes obras.
(Iriarte)

