Lunes, 27 de febrero de 2006
No basta reflexionar sobre el lado negativo del ap?stol, sobre su falsa imagen; es preciso y m?s constructivo clavar la vista en su lado positivo, es decir, no estudiar tanto qu? no es el ap?stol, sino m?s bien qu? es ser ap?stol.
Ser ap?stol es antes que nada una existencia del dinamismo de la fe; es tener la misi?n de hacer que el amor de Dios penetre en lo cotidiano del mundo; es sentir que Dios me empuja a meterme entre la gen te, para preocuparme de sus problemas; ser ap?stol es rezar como aquella ni?a: ?Se?or, haz que los malos sean buenos, y que los buenos sean simp?ticos?.
Ser ap?stol no es tanto hablar de Dios cuanto vivir a Dios y trasmitirlo a cuantos nos rodean; ser ap?stol es tener un coraz?n tan rebosante de amor, que no tenga m?s remedio que comunicarlo a su alrededor. Ser ap?stol es llevar siempre una sonrisa en los labios, una palabra a punta de lengua, una mano siempre tendida, un bolsillo sin cerrar, un coraz?n carga do de comprensi?n y de amor.

Cristo est? ya cansado de ap?stoles que hablen de El, y anhela, en cambio, que lo vivan.
?Id v haced disc?pulos a todas las gentes, bautiz?ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp?ritu Santo y ense??ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado? (Mt. 28, 19-20).

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