Martes, 21 de febrero de 2006
Para los cristianos hay un libro que es la expresi?n de toda su fe: el Evangelio.
Pero con el Evangelio no se puede jugar a las mar garitas: ?Evangelio, s?; Evangelio, no; Evangelio, ahora s?, Evangelio, ahora no?.
Al Evangelio no se le pueden subrayar p?ginas o frases; todo el Evangelio en su integridad ha de ser subrayado, porque todo ?l ha de ser vivido en toda su plenitud, en toda su dimensi?n, en todas sus varia das vertientes y aplicaciones vitales.
Se ha escrito un libro con el t?tulo de Evangelios molestos; es que, si nos ponemos a vivirlo en toda su plenitud, todo el Evangelio es molesto, por la sencilla raz?n de que para cumplirlo debemos esforzar nos, negarnos y siempre resulta molesto, negarse a s? mismo y a sus gustos y conveniencias.
El Evangelio no pas? ?en aquel tiempo?, sino que debe pasar ?en este tiempo?; no se predic? ?para aquellas gentes?, sino que se predica ?para nosotros?.
El Evangelio no se nos puede caer de las manos; hay que hacer de ?l ?una constante revisi?n de vida?, hasta llegar a ?ver, juzgar y actuar? seg?n sus normas y su esp?ritu.

?Las palabras que os he dicho son esp?ritu y son vida? (Jn. 6, 63). Pero cada uno de nosotros tiene que hacer que las palabras del Se?or sean vida en su vida.
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