Mi?rcoles, 22 de febrero de 2006
Con frecuencia leemos en el exterior de un hospital ese letrero sugestivo: ? por favor!?
Y ponemos ese letrero para que no sufran los que est?n all?; y yo pienso que si muchos sufren en la vida, no ser? porque ellos no han hecho suficiente silencio en su interior?
Hoy no se soporta casi ni ?un minuto de silencio? en actos oficiales o deportivos; hoy cuesta mucho darle aunque no sea m?s que ?un minuto de Dios? al Se?or, a la propia conciencia.
El mundo moderno, transistorizado hasta en el campo, ya no es capaz de hacer silencio a su alrededor, y ya no soporta el silencio interior; sin embargo, el hombre de hoy necesita esas zonas de silencio en las que pueda refugiarse contra el ruido enervador y alienante, que le impide su propia reconcentraci?n.
Muchos se vuelcan a la enervante algarab?a de los espect?culos p?blicos, donde tratan de desaparecer en el anonimato; y, sin embargo, en ninguna parte se siente m?s solo el hombre que en medio de esa multitud amorfa y alborotada.

??Ho cu?nto amo tu Ley! Todo el d?a es ella mi meditaci?n... tengo m?s prudencia que todos mis maestros, porque mi meditaci?n son tus dict?menes? (Salmo 119, 97-99).
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