Lunes, 20 de febrero de 2006
No es posible prescindir de la cruz en la vida; pero no nos enga?emos en imaginar cruces raras; la cruz toma la forma de mil y mil circunstancias diarias en nuestra vida.
El cumplimiento de nuestros m?ltiples deberes suele ser cruz que gravita sobre nuestros hombros; la fiel ejecuci?n de nuestras obligaciones familiares, profesionales o ciudadanas; la pr?ctica sincera del amor a todos, aun a los que no nos resultan simp?ticos; la puesta al servicio de los dem?s, aun a costa de nuestra propia incomodidad, para que los dem?s est?n y se sientan c?modos; la aceptaci?n de las cosas moles tas que nosotros no buscamos, pero que nos vinieron solas, sin saber de d?nde ni por qu?; todo eso constituye frecuentemente una cruz pesada, o no, pero al fin una cruz.
Feliz aquel que sufre y sabe para qu? sufre; feliz quien sufre para que los otros sufran menos. La verdadera cruz cristiana tiene como trazo vertical la tensi?n hacia el cielo y como trazo horizontal el esfuerzo continuo por mejorar la tierra.

Triste es sufrir; mucho m?s triste es no saber sufrir; el cristiano conoce que debe sufrir con Cristo y por aquellos que fueron redimidos por Cristo. ?Por sus desdichas justificar? mi Siervo a muchos y las culpas de ellos ?l soportar? (Is. 53, 11). Siervo de Dios es Cristo, pero es tambi?n el cristiano, que participa de la misi?n redentora de Cristo.
Comentarios