Domingo, 12 de febrero de 2006
Hay dos expresiones contrarias, que frecuentemente escuchamos y aun pronunciamos nosotros mismos:
??Qu? mala suerte tuve!?, ? no tuve suerte!?, ?? Rend? tal materia, pero sin suerte!?; as? solemos hablar cuando las cosas no nos han salido como nosotros esper?bamos.
? suerte tuve!?, ? cay? la suerte!?, ? sonri? la suerte!?, ? y con suerte!?, ? deseo buena suerte!?; as? decimos en los casos contrarios.
En todo eso hay mucho de forma de hablar inconsciente y desconsiderada y muy poco de conciencia de lo que estamos diciendo; la suerte no es algo que nos venga porque s?.
La mejor suerte que nos podemos desear ser? dejarnos guiar por la Providencia de Dios, que todo lo tiene dispuesto para ayudarnos a llegar hasta El; muchas veces nosotros ignoramos c?mo tal o cual suceso nos puede ayudar, pero la fe nos dice que as? es.
En esos momentos, nada mejor que clamar con el salmista: ?Mi suerte est? en tus manos, Se?or?. Podemos desear otra cosa mejor que descansar en las manos de Dios?

Conv?ncete, de una vez por todas, de que Dios te ama y siempre busca tu bien. Y eso por el amor que te tiene. ?Sabemos que en todas las cosas interviene Dios, para bien de ?os que lo aman, de aquellos que han sido llamados, seg?n su designio? (Rom. 8, 28).
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