Viernes, 10 de febrero de 2006
Seguramente hoy habr?s almorzado y habr?s cenado y al levantarte de la mesa, los tuyos te habr?n deseado ?buen provecho! Pero, ?has pensado que a much?simos hombres, hermanos tuyos, en el d?a de hoy no se les ha podido desear buen provecho, por la sencilla raz?n de que no han almorzado ni han cenado?
Decirles a ellos ?buen provecho! sonar?a a sarcasmo, porque pertenecen al desnutrido ej?rcito de los hambrientos. Es triste constatar que nuestra sociedad gasta m?s millones en armas para la muerte, que en alimentos para la vida.
No le echemos la culpa a Dios, no pensemos en disminuir el n?mero de los invitados a la mesa de la vida; Dios ha dotado a nuestro planeta de medios m?s que suficientes para hacer desaparecer el hambre; somos nosotros los ego?stas con los hermanos m?s necesitados y, cuando se nos pide una ayuda o limosna, todav?a la negamos o, si la damos, lo hacemos con un dejo de autosuficiencia, cuando no de alta generosidad.

La proyecci?n de tu fe y de tu bautismo hacia el compromiso temporal no puede ser olvidada o descuidada por ning?n motivo; y esto no s?lo por caridad, sino por justicia; el vaso de agua dado al se diento por caridad, es algo ofrecido a Dios, pues ?cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m?os m?s peque?os, a m? me lo hicisteis? (Mt. 25, 40).
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