Martes, 31 de enero de 2006
Hay una vida alegre; una vida en la que todo sale bien y en la que gozamos de todos y de todo.
Una vida llena de optimismo, de ?xitos, de nuevos planes que se llevan a cabo; una vida de ilusiones realizadas; una vida de paz y de comprensi?n con los propios y los ajenos.
Y hay tambi?n una vida de dolor; una vida en la que la enfermedad nuestra muerde nuestras carnes; una vida en la que la enfermedad de algunos de los nuestros aprieta nuestro coraz?n; una vida de dificultades y de fracasos, de pobreza y de falta de trabajo, de incomprensiones y dificultades, de l?grimas y angustias, de sentida soledad.
Pero tambi?n puede haber una vida que sea la suma de las dos anteriores, vale decir: una vida que no sea solamente de alegr?a o de dolor, sino que llegue a ser de alegr?a en el dolor; la alegr?a y el dolor probablemente te vendr?n de Dios, pero el hacer de tu vida una vida de alegr?a en el dolor depender? exclusivamente de ti.

Pero eso no lo lograr?s si no miras el dolor en la cruz; la cruz sin Cristo se torna insoportable; el Cristo en la cruz la hace llevadera.
?Con Cristo estoy crucificado y vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en m? (G?l. 2,19-20). ?Dios me libre de gloriarme, sino en la cruz de Nuestro Se?or Jesucristo, por la cual el mundo es para m? un crucificado y yo un crucificado para d mundo? (G?l. 6, 14).
Lo dice nuestro cantar:
En nuestros hogares tendr? la gracia residencia, y en el trabajo y en la escuela repartiremos nuestros colores; y estando alegres, renovaremos los corazones, hasta acabar en el cielo.

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