Lunes, 30 de enero de 2006
Nada dura mucho, si tiene fin. Nada es absoluto, si tiene l?mites.
Los d?as de dolor pareciera que no terminan nunca; las noches de insomnio, los d?as de duro trajinar, la enfermedad molesta y dolorosa, el problema angustioso, la pena que se aferra al esp?ritu con garra lacerante... todo parece que durar? para siempre, que nunca acabar?.
Sin embargo, todo pasa, todo perece, todo termina, todo desaparece y todo se olvida; por eso decimos que nada dura mucho si tiene fin, pues una vez llegado a ese fin, ya no se puede hablar de mucho, pues ya estamos en la nada.
En cambio, e! Absoluto, el que no tiene ni principio ni fin, el que es eterno e inmutable: Dios, es el que nunca pasa, el que por lo mismo no s?lo es mucho, sino que es todo.

Por eso en tu vida Dios no puede ocupar un segundo lugar; nada puede haber superior a Dios; ni tampoco puede ocupar un ?primer? lugar, sino que ha de ocupar ?todo?lugar. ?Yo soy el alfa y la omega, dice el Se?or Dios. Aquel que es, que era y que ha de venir, el Todopoderoso? (Apoc. 1, 8).
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