domingo, 29 de enero de 2006
29 DE ENERO
Todo tiene su razón de ser en el mundo: el frío del invierno y el calor del verano, la fuerza del viento y la calma de la atmósfera, la luz y las sombras...
Tú también tienes una razón de ser en la vida; tu vida tiene una misión, que ha de ser cumplida por ti y sólo por ti, porque esa misión es personal e inalienable.
Todo tu empeño debe consistir en llegar a conocer cuál es esa tu misión, cuál es la razón de ser de tu vida; Dios tiene sobre ti unos planes, que debes realizar tú; si no llegas a conocer esos planes, no los podrás cumplir; pero, silos conoces, debes dedicarte plenamente a su realización y entonces verás que tu vida es plena y que has descubierto el verdadero sentido de la misma.
Busca, pues, los planes de Dios sobre ti, para que puedas cumplirlos.
Dios te ha señalado una misión que cumplir y esa misión es personal e intransferible; si tú no la cumples, quedará sin cumplir y en ti se frustrarán los planes de Dios; pero ¿por culpa de quién? “Que permanezca cada cual tal como lo halló la llamada de Dios” (1 Cor. 7 20). “Os exhortamos a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados” (Ef. 4, 1).
Tú también tienes una razón de ser en la vida; tu vida tiene una misión, que ha de ser cumplida por ti y sólo por ti, porque esa misión es personal e inalienable.
Todo tu empeño debe consistir en llegar a conocer cuál es esa tu misión, cuál es la razón de ser de tu vida; Dios tiene sobre ti unos planes, que debes realizar tú; si no llegas a conocer esos planes, no los podrás cumplir; pero, silos conoces, debes dedicarte plenamente a su realización y entonces verás que tu vida es plena y que has descubierto el verdadero sentido de la misma.
Busca, pues, los planes de Dios sobre ti, para que puedas cumplirlos.
Dios te ha señalado una misión que cumplir y esa misión es personal e intransferible; si tú no la cumples, quedará sin cumplir y en ti se frustrarán los planes de Dios; pero ¿por culpa de quién? “Que permanezca cada cual tal como lo halló la llamada de Dios” (1 Cor. 7 20). “Os exhortamos a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados” (Ef. 4, 1).

