Jueves, 26 de enero de 2006
?El hombre por el hombre! Grito del humanismo absoluto, que pretende concebir al hombre prescindente de Dios.
As? como no podemos ir a Dios sin pensar en el hombre, tampoco nos es posible ir al hombre sin ver su proyecci?n hacia Dios.
Hay entre ambos (Dios y el hombre, el hombre y Dios) una intercomunicaci?n e interrelaci?n que es imposible borrar o siquiera olvidar.
Por eso, cu?ntas heridas nos hacemos los unos a los otros, cuando pretendemos herir a Dios; y cu?ntas heridas hacemos a Dios cuando nos herimos los unos a los otros.
El no nos permiti? herirnos; m?s bien, nos preceptu? amarnos los unos a los otros; en cambio, el hombre est? haciendo esfuerzos inauditos por cambiar su precepto por el de ?armaos los unos contra los otros? y por eso las cosas van como van.

Sabe el cristiano que s?lo con el amor se perfeccionar?, aun como hombre; nada debe tener tan presente como el precepto del Maestro: ?Os doy un mandamiento nuevo: que os am?is los unos a los otros; que como Yo os he amado, as? os am?is tambi?n vosotros los unos a los otros. En esto conocer?n todos que sois m disc?pulos: si os ten?is amor los unos a los otros? (Jn. 13, 34-35).
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