Lunes, 23 de enero de 2006
Deber?s esforzarte por ser valiente y por ser virtuoso; pero de poco te servir? ser una y otra cosa si no eres prudente.
Es que la prudencia rige los actos de todo el hombre, de toda la vida y todas las dem?s virtudes del hombre dejan de serlo, no bien dejen de ser regidas por la prudencia.
La valent?a sin prudencia se convertir? en arrogancia; la virtud sin prudencia ser? ostentaci?n, cuando no presunci?n.
La prudencia no reconoce excesos, no se extralimita nunca; sabe del justo equilibrio en todas las cosas y en todos los momentos.
Pero, ?cuidado!, no confundas prudencia con timidez, con miedo, con no querer arriesgarse, porque entonces habr?s ca?do en la cobard?a y en ninguna par te habr?s le?do que la cobard?a sea una virtud; como la prudencia nos aleja de la arrogancia, tambi?n nos aparta de la cobard?a.

El ap?stol ha de ser prudente, pero nunca t?mido; con la prudencia de esp?ritu y no con la de la carne. ?Las tendencias de la carne son muerte: mas las del esp?ritu, vida y paz... Si vivis seg?n la carne morir?is, pero si con el esp?ritu hac?is morir las obras del cuerpo, vivir?is? (Rnm. 8, 6-13).
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