Jueves, 19 de enero de 2006
Indudablemente, todos debemos morir, pero no todos morimos igual.
T? has de vivir de tal forma que, cuando t? mueras, lloren los dem?s y t? puedas re?r; triste y tr? ser?a que, al morir t?, las l?grimas fueran tuyas y las alegr?as ajenas.
La nobleza de la vida no est? ni en el nacer, ni en el morir, sino en el vivir, en el modo de vivir y en el para qu? morir. El ?ndice de nuestra vida no lo da el vivir, sino el sentido que sabemos darle a nuestra vida. Por eso en la vida no tienes que hacer lo que te agrada, sino lo que m?s tarde te agradar? haber hecho.
?Yo quisiera?, nada hizo; ?intentar?, ha hecho grandes cosas; ?quiero?, hizo milagros. La vida es lucha, pero la lucha es vida. La vida s?lo decepciona a quienes no esperan bastante de ella.

El verdadero sentido de la vida es ?la Vida de la gracia?. Lo explica bien San Juan, cuando dice: ?Esta es la Vida eterna: que te conozcan a Ti, el ?nico Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo? (Jn. 17, 3).
?En la senda de la justicia est?n la paz y la unidad? (Prov. 12, 28).
?Quien a Dios tiene ?dice Teresa de Jes?s?, nada le falta?; nosotros repetirnos que nada nos asusta, estando con Cristo.

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