Mi?rcoles, 18 de enero de 2006
Cuando nacemos, no somos todav?a del todo hombres, al menos no somos los hombres que debemos ser, que luego llegaremos a ser. Tenemos dos nacimientos. Cu?ndo es nuestro segundo nacimiento? Cuando llegamos a tomar con ciencia, no de lo que somos, sino de lo que debemos llegar a ser; no de lo que deseamos, sino de lo que debemos desear llegar a ser.
Al fin y al cabo, el hombre se hace a medida que va haciendo, que se va esforzando por ser lo que de be ser; si el joven es el producto del ni?o, el hombre es el producto del joven; en ese sentido el ni?o es el padre del hombre.
No nos hacemos viejos cuando ya hemos vivido cierto n?mero de a?os, sino cuando vamos perdiendo el entusiasmo de nuestro ideal.
Santos llegaron a ser, no los que comenzaron, sino los que continuaron y continuaron continuando; los que nunca se cansaron de continuar.

De poco te servir? entregarte al servicio de Dios si no perseveras en ?l, si te encuentras con Cristo, pero luego te alejas de El. El encuentro ha de ser definitivo, para ya nunca volverse a separar. ?Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atr?s es apto para el Reino de los Cielos? (Lucas 9, 62).
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