Viernes, 13 de enero de 2006
Todos consideramos como una verdadera alabanza el que digan de nosotros que tenemos mucha personalidad.
Ahora bien, la propia personalidad no se forma si no con el dominio de s? mismo, con el acero de la voluntad, que sabe negarse muchas cosas y ser fiel a otras. No traicionar la propia conciencia, que es lo mismo que no traicionar a Dios.
Por el contrario, se considera como un bajo insulto el que nos digan que somos ?cobardes?; pero resulta que para adquirir una personalidad propia es imprescindible el valor; el valor que sepa decir s? cuan do hay que decirlo, pero no titubee en decir no cuan do no se pueda decir s?.
Ser valiente, ser cobarde; tener personalidad, no tenerla.
Es la voluntad la que deber? regimos; pero esa voluntad debe ser iluminada por el entendimiento y por la gracia del Se?or; deberemos pedir esa luz y esa fuerza y con ellas lanzarnos a las cumbres sin titubeos, sin miedos, sin angustias de ninguna clase.

Si tenemos conciencia de que somos hijos de Dios, esa conciencia debed regir todos nuestros actos. ?Corresponde ahora d bautismo que os salva, y que no consiste en quitarla suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la resurrecci?n de Jesucristo? (1 Pe. 3, 21).
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