Jueves, 12 de enero de 2006
Si no con frecuencia, al menos de cuando en cuan do te sorprendes a ti mismo despu?s de un alterca do, de una disputa, de una verdadera pelea con los tuyos, con los que m?s amas en la vida, o con los que te est?n rodeando a diario por motivo de trabajo, de vecindad, etc?tera.
Y despu?s del altercado, despu?s de haberte deja do llevar de tu nerviosismo, ya sereno, comenzaste a recordar lo pasado y viste que ellos ten?an raz?n, y no t?. Otras veces has visto con claridad que la raz?n era tuya, pero que fuiste bastante ni?o y terco en la defensa de tu raz?n.
Consecuencia: que en toda discusi?n, en todo altercado has salido perdiendo, que siempre toda pe lea ha resultado negativa, que nunca sirvi? para esclarecer la verdad, o para acercar los corazones; m?s bien los alej?, los agri?; con la raz?n de tu parte o en contra tuya, quedaste bastante lejos de los tuyos, amargado con los tuyos; ?val?a la pena, entonces, el altercado?

?El Esp?ritu Santo nos aconseja: ?Haz, hijo, tus obras con dulzura, as? ser?s amado por ser acepto a Dios? (Ecli. 3, 17). ?S? pronto en escuchar y tardo en responder? (Ecli. 5, 11). ?Gloria v deshonra caben en el hablar, y en la lengua del hombre est? su ruina? (Ecli. 5, 13).
Sed, pues, muy prudente pensar antes de hablar, pensar si tenemos que hablar o callar y pensar c?mo debemos hablar.

Comentarios