Lunes, 12 de diciembre de 2005
Sabemos que toda la ley consiste en amar de veras a Dios y a los hombres; lo dem?s son medios para conseguir este amor.
No hay cosa tan dif?cil de hacer y no hay cosa de la que tan f?cilmente estemos persuadidos de que la cumplimos.
Si se nos pregunta si amamos a Dios, responderemos: ?indudablemente?. Si se nos interroga si amamos a los pr?jimos, igualmente sin hesitaciones diremos: ?
Sin embargo, debemos recordar que el amor no consiste en decir ?te amo? sino en ?hacer obras de amor?. El amor no ser? jam?s un sentimiento, sino una actuaci?n.
En consecuencia, para saber si amo a Dios y si amo a los hombres, he de preguntarme si ?hago? algo por Dios y por los hombres. Solamente esa actuaci?n por amor es la que me podr? persuadir de un modo cierto de que mi amor es aut?ntico y no falso.

?Si en otros tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para la santidad? (Rom. 6, 19). Santo no es tanto el que no peca, cuanto el que ama; a no ser que no peque precisamente porque ama.
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