Viernes, 09 de diciembre de 2005
La perfecci?n de las cosas no est? en hacerlas, sino en hacerlas bien; y para hacerlas bien es preciso fijar- se en los detalles. Los detalles de la vida, que son m?ltiples y min?sculos, pero que son los que hacen que la vida sea agradable y recta.
Cerrar bien la puerta de un armario, sin estruendos ni violencias; dejar en orden y en su debido lugar las prendas de vestir; ser puntual en acudir a su debido tiempo a una reuni?n, sin hacer esperar a los dem?s; no fumar cuando el humo del cigarrillo molesta el vecino, teniendo con ?l esa m?nima atenci?n; ser responsable en todas las peque?as cosas que se nos han encomendado.
Detalles?, detalles..., pero detalles que van configurando las cosas, las van perfeccionando, las van elevando.
Fijarse en esos detalles no es vulgaridad, sino delicada perfecci?n, ansia de mejoramiento.

?Mirad c?mo proclamamos felices a los que su frieron con paciencia. Hab?is o?do la paciencia de Job en el sufrimiento y sab?is el final que el Se?or le dio; porque el Se?or es compasivo y misericordioso? (Sant. 5, 11). Se necesitar? no poca paciencia para ser fiel en los detalles; pero ah? est? la verdadera perfecci?n ?.
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