Lunes, 05 de diciembre de 2005
No hace mucho o? decir que una persona se ten?a como un florero que adornaba algo en la vida, pero que un d?a ese florero se rompi? o, mejor, que ella se sinti? desde entonces como un florero roto.
Y yo pens?: ??Qu? triste debe ser considerarse a s? mismo algo as? como un florero roto que ya no sirve para nada!?
De todos modos, creo que los que rompemos nuestros floreros somos nosotros mismos; cuando pones esa cara tristona frente a los sucesos de la vida, te est?s rompiendo; cuando no tienes sino palabras de desaliento o de cr?tica, te est?s rompiendo; cuando no se cae de tus labios esa fea palabra ??no!?, te est?s rompiendo; cuando piensas que va no sirves para nada ni para nadie, te est?s resquebrajando; cuando pierdes los entusiasmos para la acci?n o te dejas arrastrar por el desaliento, ya est?s roto.
?Y qu? triste, te repito, debe ser sentirse roto y presentarse ante los dem?s resquebrajados! ?Qu? triste no servir ya para sostener la rosa que alegra, sino para mostrar solamente la rajadura mortal!

?Al siervo in?til, echadle a las tinieblas de fuera; all? ser? el llanto ye] rechinar de dientes?
(Mt. 25, 30). Nada m?s triste que una vida in?til; nada que deje en el fondo del alma una sensaci?n de tanto desagrado como sentirse in?til; pero t? puedes ser muy ?til para Dios y para tus pr?jimos; son muchos los que algo esperan de ti; es mucho lo que Dios espera de ti.

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