Domingo, 04 de diciembre de 2005
El rostro m?s bello no suele ser el mejor conformado, el m?s est?tico o proporcionado, si no el que se halla m?s frecuentemente iluminado por una son risa sincera.
Una sonrisa es capaz de cambiar cien planes, de dar aliento a un coraz?n postrado, de transformar la dureza en condescendencia.
Una sonrisa hace que la frente se irradie, los rasgos del rostro se hermoseen al dilatarse.
El atractivo del rostro no es, pues, la belleza sino la bondad expresada en ?l, el gesto de comprensi?n y ternura, que irradia serenidad a su alrededor.
Pasa por este mundo, desparramando sonrisas de comprensi?n en lugar de ce?os de rechazo; alegr?as de campanitas de plata que repiquetean en tu interior y no cencerros de monoton?a, que arrastran re ba?os polvorientos.
Ofrece siempre y a todos el arco iris de tus colores de gracia y de la gracia de tus colores, y no la oscuridad de las nubes pre?adas de tormenta.

?Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido est?ril en m? (1 Cor. 15, 10). T? tambi?n puedes afirmar, con d ap?stol, que eres lo que eres por la gracia de Dios; a El se lo debes todo y sin El nada hubieras podido conseguir. Pero has de procurar imitar tambi?n al ap?stol en la segunda afirmaci?n que hace de s?: la gracia de Dios no puede ser est?ril en tu vida; has de hacerla fructificar: gracia consciente y gracia creciente.
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