S?bado, 03 de diciembre de 2005
Tus ojos tiene una potencia irresistible; pero esa potencia puedes emplearla para el bien o para el mal. Ofrece siempre, todos los d?as, unos ojos puros y dulces, como cielo sin nubes; que al dar el pron?stico del d?a, los que viven contigo, al mirar tus ojos, no puedan menos de decir: ?Hoy, cielo sin nubes?. Que mires con tanta serenidad que todos se sien tan c?modos a tu lado y lo sientan todos cuantos se acerquen a ti.
Lo mismo que cuando sale el sol es imposible decir si alumbra m?s a un hombre que a otro, as? t? ilumines con tus ojos, mires con igual bondad a unos que a otros.
Al que te trata con suma delicadeza y bondad, y al que con mano dura o expresi?n torva deshace tu coraz?n. El sol tanto ilumina las verdes praderas como las oscuras hondonadas.
Dios hace salir el sol sobre justos y pecadores; en tu rostro, en tus ojos ha de descubrirse siempre la misma luz de bondad para unos que para otros.

?Mis ojos est?n puestos sobre todos tus caminos; no se me ocultan ni se zafa mi culpa delante de mis ojos? (Jer. 16, 17). ?Escuchar?is bien, pero no entender?is; mirar?is bien, pero no ver?is. Porque se ha embotado el coraz?n de este pueblo, han hecho duros sus o?dos y sus ojos se han cerrado; no sea que vean con sus ojos y con sus o?dos oigan y con su coraz?n entiendan? (Mt. 13, 14-15).
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