Jueves, 01 de diciembre de 2005
?Mi coraz?n y mi lengua han hecho un trato: que mientras mi coraz?n est? enfurecido, mi lengua guardar? silencio?.
Este programa de vida est? lleno de psicolog?a.
Las palabras responden a los sentimientos, y los sentimientos a las ideas; de ah? que nos resultar? imposible dominar nuestras palabras si no somos due?os de nuestros sentimientos; y estos sentimientos se ir?n moderando seg?n la fuerza de nuestras ideas. A un coraz?n que no se domina, responder?n palabras violentas e hirientes; a un coraz?n lleno de s? mismo, suceder?n palabras y actitudes despectivas para los dem?s.
Calla, pues, mientras tu coraz?n no est? sereno y en calma; no hables, pues seguramente deber?s arrepentirte de lo que digas o, al menos, del modo como lo digas, o del momento en que lo digas.
Si en general el coraz?n no suele ser buen consejero, menos lo ser? cuando no se halle en paz y no se
sienta due?o de s? mismo.

?Grande fue mi alegr?a al llegar los hermanos y dar testimonio de tu verdad, puesto que vives seg?n la verdad? (III Jn. 1). ?Podr?a decirse con justicia, como lo afirma Juan de su disc?pulo Gayo, que vives seg?n la verdad? Pero ten presente que esa verdad a la que se refiere el ap?stol no es tanto la ver dad conceptual cuanto la verdad vivencia.
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