Mi?rcoles, 30 de noviembre de 2005
Si eres padre o madre de familia, estoy seguro de que est?s dispuesto a morir por tus propios hijos: prefieres sufrir t? y que no sufran ellos, morir t? y que ellos vivan. ?Verdad que no me equivoco?
Pues bien, solamente quiero decirte hoy que es mucho m?s f?cil morir en un acto de hero?smo, por salvar un hijo, que ir muriendo lentamente, d?a a d?a, minuto tras minuto, por ir formando a ese hijo, o por irte formando a ti mismo.
Ir dejando jirones de la vida en las noches largas sin sue?o, en las horas de trabajo agotador, en las tardes solitarias atendiendo las diarias obligaciones? eso no ser? llamativo, pero es m?s meritorio.
No derramar la sangre en tres minutos, sino ir dejando gota tras gota en cada acci?n que cumplimos, en cada victoria sobre nosotros mismos, en cada ven cimiento de nuestro car?cter o de nuestro temperamento, en la palabra que callamos o en la sonrisa que ofrecemos... eso es morir d?a a d?a, eso es ser h?roe... desconocido, pero h?roe...

?Si alguno se contenta con o?r la Palabra, sin ponerla por obra, ?se se parece al que contempla su imagen en un espejo; se con templa, pero en y?ndose, se olvida de c?mo es? (Sant. 1,23-24). No basta leer la Palabra del Se?or; es preciso que la medites, pues solamente as? la tendr?s siempre presente y podr? influir en tu vida; solamente as? har?s, de la Palabra, Vida.
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