Mi?rcoles, 30 de noviembre de 2005
No pocas veces has tratado de disimularte a ti mismo tus procederes, que advertiste incorrectos, con aquella afirmaci?n: ? soy as?!?, y te quedaste tranquilo en tu modo de ser.
Pero ese tu modo de proceder quiz? no sea el que debiera ser: por eso permite Dios que te sucedan ciertas cosas que lleguen a corregirte.
Cada una de esas cosas que te desagradan y te contradicen ser? como una nota quemante que levante ampollas en tu soberbia, o una chispa que te queme las carnes, o una espina que te pinche y te duela. No desaproveches todo eso; al contrario, util?zalo para tu purificaci?n, para que no sigas siendo as? como eres, sino que vayas cambiando hasta llegar a ser como debes ser, como Dios quiere que seas, como los dem?s esperan que seas.
Est? bien que reconozcas c?mo eres; pero no est? bien que te quedes tranquilo en ser como eres. Has de aspirar a m?s, mucho m?s.

?Si caminamos en la luz, como El mismo est? en la luz, estamos en comuni?n unos con otros, y la Sangre de su Hijo Jes?s nos purifica de todo pecado? (1 Jn. 1, 7). Es la Sangre del Se?or la que deber? purificarte de todas tus imperfecciones; es la comuni?n recibida con amor la que habr? de penetrar en ti, para transformarte en otro Cristo; atiende no s?lo al n?mero, sino sobre todo a la intensidad de tus comuniones.
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