Mi?rcoles, 30 de noviembre de 2005
En el tiempo de la poda, pareciera como si el ?rbol derramara l?grimas; el insensible podador corta las ramas sin compasi?n, despoja el ?rbol de sus brazos y ralea su ramaje sin piedad.
Por cada una de las heridas el ?rbol destila la sangre de su queja o de su protesta; es como si el alma del ?rbol levantara el grito contra semejante atropello. Sin embargo, ello sirvi? para que esa alma se con trajera, se replegara durante largos d?as de invierno y as? no fuera alcanzada all? en la interioridad de su savia por el fr?o que mata.
Luego vino la primavera y los brotes anunciaron que el ?rbol no s?lo no estaba muerto, sino que hab?a recuperado nueva vida, nueva pujanza, nueva fecundidad en flores y frutos.
En tu vida el dolor desempe?a el papel de podador; t? podr?s tal vez quejarte con pesimismo; pero si tienes fe, si unes tu dolor al dolor redentor de Cristo, te podr? servir de nueva fuerza en tu vida.

?E l invierno no es muerte; es reconcentraci?n de vida, que luego eclosiona en la prima vera con las flores y en el verano con los frutos. Las flores y los frutos de tu vida espiritual deben salir y manifestar se; de lo contrario, pese a tu actividad, se podr? decir que est?s en verdad muerto, como cant? el poeta: ?No son los muertos los que en dulce calma / la paz reposan de la tumba fr?a; / muertos son los que tienen muerta el alma, / y viven todav?a?.
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