Martes, 22 de noviembre de 2005
?El silencio! Hoy nos cuesta bastante aceptar el silencio; estamos rodeados por todas partes de ruido ensordecedor. Ese ruido puede impedir que nos oigamos a nosotros mismos y que oigamos la voz de Dios que nos habla en nuestro interior.
?Silencio! Cuesta a veces callar en los momentos dif?ciles, en las penas amargas y en los goces ?ntimos, en las calumnias mordaces y en las alabanzas excesivas, en los pareceres hirientes y en los vaivenes de un coraz?n que se aleja.
Silencios que traen como consecuencia la inmersi?n en el Dios que portamos en nuestra intimidad.
Si miramos el bosque, lo veremos lleno de vida; pero la flor que abre sus p?talos lo hace en silencio; la violeta que esparce su perfume, la enredadera que trepa a lo alto, la gramilla que alfombra, las ramas que se extienden, el agua que se desliza... todo eso es silencio; y todo eso es vida y da la vida.

?M?s vale o?r reproche de sabio que o?r alabanzas de necio; porque crepitar de zarzas bajo la olla, as? es el re?r del necio y tambi?n esto es vanidad? (Ecle. 7, 5-6). Muchas veces ser? preferible el silencio a tu alrededor, que no vanas palabras; si las palabras son plata, el silencio es oro; y si el silencio ha llegado a convertirse en oro, en ese caso el silencio muy f?cilmente ser? cielo.
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