Domingo, 20 de noviembre de 2005
Si abrimos la Biblia en su primera p?gina, encontramos aquella afirmaci?n sobre el origen del hombre:
?Dios le inspir? en el rostro un aliento de vida?. Eso es el hombre, nada m?s que eso, pero nada me nos que eso: un aliento de Dios, un algo de Dios, algo vital como es el aliento.
El hombre lleva en s? un poco del calor de Dios, de ese calor que es fecundo y que da vida.
Pero si es calor de Dios, ?por qu? no se convierte en llama que encienda cuanto alrededor suyo se halle? Si es calor de Dios, ?por qu? va esparciendo fr?o en sus relaciones, fr?o de resentimientos, fr?o de hostilidades, fr?o de ego?smo?
No est? llamado a ser t?mpano, sino fuego; donde hay t?mpanos, hay fr?o; donde hay fr?o, no hay vida. En cambio donde hay fuego, hay calor, y donde hay calor surge en el acto la vida.

?Tu Esp?ritu bueno les diste para instruirles... Ellos de nuevo gritaban hacia Ti y T? escuchabas desde el cielo; muchas veces por ternura los salvaste... Tuviste paciencia con ellos durante muchos a?os, les advertiste por tu Esp?ritu.., en tu inmensa ternura no los acabaste, no los abandonaste, porque eres T?, Dios clemente y lleno de ternura? (Neh. 9, 20, 31).
Comentarios