Jueves, 17 de noviembre de 2005
La gratitud es propia de las almas bien nacidas. Por eso es justo que demos las gracias a Dios de todo lo que nos est? dando a diario con manos largas y generosas.
El sol que acaricia nuestras mejillas, el agua que refresca nuestros cuerpos, el calor que vivifica, el trino del zorzal en la enramada, la espiga del trigo candeal que se balancea por el c?firo de la tarde... Todo eso es don y regalo del buen Dios.
Las risas de los ni?os, el aroma de las flores, el placer de la amistad, el afecto del hogar, el amor de los esposos, la bandera de la patria, el consuelo de la fe... todo eso es don y regalo del buen Dios.
Los minutos que transcurren, los d?as que se deslizan, los a?os que se nos pasan, la salud y las fuerzas, ?l trabajo y los descansos... todo eso es don de Dios.
Motivos m?s que suficientes para serle agradecidos.

?Sed agradecidos. La Palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instru?os y amonestaos con toda sabidur?a, cantad agradecidos a Dios en vuestros corazones? (Col. 3, 15-16). Si comenzamos a enumerar los motivos que tenemos para estar agradecidos a Dios, no terminar?amos m?s; y eso que solamente somos conscientes de una m?nima par te de los beneficios que recibimos del Se?or; de la mayor?a de ellos ni siquiera nos damos cuenta.
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