Mi?rcoles, 16 de noviembre de 2005
Hoy quiero entonar el salmo del agua cristalina y fugaz.
Quiero ser como el agua, que sirve gozosa a los hijos de Dios. Quiero ser como el agua que calma la sed del sediento, sin fijarse si es hombre de ciencia, de poca cultura, de blanco o de negro color.
Quiero ser como el agua, que es de todos y todos la poseen, la beben, la gustan, la utilizan; a todos refresca, los limpia y fecunda.
Quiero ser como el agua que canta sonora sus silbos brillantes y desliza sus hilos por pe?as y arroyos, llevando la vida, el frescor y la alegre canci?n.
Eso ha de ser mi vida: agua. Agua que limpia los cuerpos y lustra las almas con luz bautismal. Y agua que fecunda y da vida, la vida de gracia que el buen Dios nos da.

"Por el bautismo... el hombre se incorpora real mente a Cristo crucificado y glorioso, y se re genera para el consorcio de la vida divina, seg?n las palabras del Ap?stol: "Con El fuisteis sepultados en el bautismo yen El, asimismo, fuisteis resucitados por la fe en el poder de Dios, que lo resucit? de entre los muertos" (Col. 2, 12)? (UR, 22).
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