Lunes, 14 de noviembre de 2005
La vida est? llena de secretos.
Hoy han nacido unos, y otros se despidieron de la vida; unos cerraron sus ojos, y otros los abrieron a la luz.
Hoy han re?do y gozado muchos, mientras otros sufrieron a gritos o en silencio; todo est? mezclado en este mundo; penas y glorias, guerras y paz.
Pero no todo pasa; no es todo como el ave, que no deja ni el rastro de sus alas en el aire.
Hay algo que no pasa; son las obras que cada uno de nosotros realiza; sean ellas buenas o malas, que dan en nuestro recuerdo, en lo profundo de la con ciencia, en la presencia de Dios.
Y de cada una de esas cosas deberemos dar cuenta al Creador; para nuestra verg?enza o para nuestro consuelo.
Dicen que la mortaja no tiene bolsillo; pero es que las obras no nos siguen en la mortaja, sino en nuestra conciencia.

"La fe cristiana ense?a que la muerte corporal, que entr? en la historia a consecuencia del pe cado, ser? vencida cuando d omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvaci?n perdida por el pecado" (GS, 18). "No os busqu?is la muerte con los extrav?os de vuestra vida; no os atraig?is la ruina con las obras de vuestras manos; que no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucci?n de los vivientes..." (Sab. 1, 12-13).
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