Domingo, 13 de noviembre de 2005
El hombre no puede vivir sin fe; tiene que creer en algo y en alguien; de otro modo, se ahoga en s? mismo.
Pero, antes que nada, debe creer en Dios; te ofrezco la sabida oraci?n de la fe: "Creo, aunque todo te oculte a mi fe. Creo, aun que todos me griten que no. Porque he basado mi fe en un Dios inmutable, en un Dios que no cambia, en un Dios que es amor.
Creo, aunque todo parezca morir. Creo, aunque ya no quisiera vivir, porque he fundado mi vida en palabras sinceras, en palabras de amigo, en palabra de Dios.
Creo, aunque todo subleve mi ser. Creo, aunque sienta muy solo el dolor. Porque un cristiano, que tiene al Se?or por Amigo, no vacila en la duda, se mantiene en la fe.
Creo, aunque veo a los hombres matar. Creo, aun que veo a los ni?os llorar. Porque aprend? con certeza que El sale al encuentro, en las horas m?s duras, con su amor y su luz.
Creo, pero aumenta mi fe".

"Para dar esta respuesta de la f es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio del Esp?ritu; que mueve el coraz?n, lo dirige a Dios, abre los ojos del esp?ritu y con cede a todos gusto en creer y aceptar la verdad" (DV, 5).
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