Mi?rcoles, 09 de noviembre de 2005
Se van pasando los d?as; se va acercando el fin del a?o. Esto nos debe hacer pensar que nuestro destino final no puede ser este mundo de aqu? abajo. Los hombres somos peregrinos de este mundo; somos ciudadanos de otra patria, hacia la cual vamos yendo y en el cual moraremos definitivamente.
Hay una estrella en nuestro camino y esa estrella es la que debe guiamos no solamente hacia la patria definitiva, sino para seguir la ruta mientras vamos peregrinando.
Mientras vamos caminando debemos construir un nuevo mundo, anticipo de aquel reino de Dios venidero que ser? reino de justicia, de verdad y de amor. De nuestra vida terrenal, sembrada de justicia y de amor, surgir? el nuevo mundo, empapado de felicidad y de paz.
Somos caminantes, somos peregrinos, dejemos una estela de verdad y de bien.

"La semilla de eternidad que el hombre lleva en s?, por ser irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte" (GS, 18). No es, pues, la muerte lo definitivo; despu?s de la muerte se abren unas puertas de luz y de nueva vida, que ya no ser? sucedida por ninguna otra muerte: plenitud de vida y plenitud de realizaci?n.
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