Martes, 08 de noviembre de 2005
Las puertas parecen m?s hermosas cuando est?n abiertas que cuando las vemos cerradas.
Que tu coraz?n sea una puerta abierta de par en par para todos los hombres; no lo cierres a nadie.
Quiz? alguien te acaba de lanzar una piedra: la piedra de una calumnia, de un desd?n, de un desprecio... Cuando aprietes su mano, si lo haces con sinceridad y con amor, le estar?s abriendo tu puerta, esa puerta que ?l inconscientemente quiso apedrear.
Cuando sonr?es de verdad y no fingidamente al que habl? mal de ti, en lugar de vengarte, est?s abriendo tu puerta para que por ella penetre quien no supo ser ni justo ni caritativo.
Y de esa forma t? har?s que, comenzando por ti, todos vayamos siendo un poco mejores, todos abramos las puertas de nuestro coraz?n; y cuando los hombres no escondan en su coraz?n fals?a ni hipocres?a, entonces y s?lo entonces el mundo se sentir? mejor.

"Nos presentamos en todo corno ministros de Dios... en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Esp?ritu Santo, en caridad sincera..." (II Cor. 6, 4-6). El fingimiento, la falta de sinceridad es lo m?s opuesto al Evangelio, al testimonio que, como ap?stol de Cristo, debes dar. Si el mundo de hoy busca y exige la autenticidad, ?c?mo no la va a exigir de aquellos que se dicen seguidores y aun ap?stoles de Cristo?
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