Lunes, 07 de noviembre de 2005
Hay dos objetos que a menudo usamos y que pueden proporcionarnos hermosa ense?anza para nuestra vida pr?ctica: la cera y el pan.
El pan que a diario comemos... Cuando queremos afirmar la bondad de una persona, decimos de ella: "Es m?s buena que el pan"; y con eso decimos todo. Es que ser pan para los otros es servir de gusto y utilidad a los dem?s; y despu?s de eso, o precisamente por eso, dejarse cortar, dejarse tostar, desmigajar, masticar y triturar o quiz? dejarse tirar.
Para la mansa cera, dar la vida a otros es morir. Y dar la vida a los otros es entregarlo todo por ellos, todo: cansancio, tiempo, preocupaciones, sonrisas, palabras... todo sin excepci?n.
Y eso lo debemos hacer sin esperar nada de los dem?s.
La conjugaci?n del todo y de la nada es lo que constituye el secreto de la perfecci?n.

"Comprenda estas cosas el sabio, el inteligente las entienda; que rectos son los caminos de Yahv?; por ellos caminan los justos, mas los rebeldes en ellos tropiezan" (Oseas 14, 10). No te apartes del Se?or, sigue siempre sus caminos, observa siempre su santa ley; de esto nunca te podr?s arrepentir.
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