Domingo, 06 de noviembre de 2005
"Bienaventurados los pobres... bienaventurados los mansos... bienaventurados los que sufren... bienaventurados los pac?ficos... bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia..."
As? fue desarrollando su magistral lecci?n el Maestro de Nazaret. Si alg?n d?a los hombres nos decidi?ramos a aceptar en serio esas ense?anzas del serm?n del Monte, la tierra se convertir?a en un reman so de felicidad y de paz.
Nunca los poetas ni los fil?sofos o soci?logos trazaron un plan de acci?n tan humano como ?se; nunca oyeron afirmaciones tan extra?as, pero tan consola doras, y nunca se traz? un programa de acci?n y vida como este programa del Evangelio.
All? aprendieron los hombres que hay ciertos valores en la vida que est?n sobre el valor del dinero; que hay ciertas cosas que no son materiales y que pueden llenar el coraz?n humano.
All? se convencieron los hombres de que deben preocuparse los unos por los otros.

"Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos (Lc. 4, 18), para buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc. 19, 10); as? tambi?n la Iglesia a braza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; m?s a?n, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador, pobre y paciente, se esfuerza en re mediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo"(LG, 8).
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