S?bado, 05 de noviembre de 2005
La gran preocupaci?n del hombre es c?mo hacer para echarse la cruz de los hombros.
Son inmensos los esfuerzos que est? haciendo el hombre para evitar la carga de la cruz, del sufrimiento; se quiere tener una vida sin sufrimientos, sin dolores, sin problemas; pero en ese af?n desmedido el hombre encuentra su penitencia.
Es que el hombre de hoy desconoce que el sufrimiento puede tener en s? un verdadero valor; lo des conoce y lo rechaza. En su esfuerzo por hallar una vida sin sufrimiento, halla unos sufrimientos sin vida, es decir, sin sentido, sin proyecci?n y eso es precisamente lo que le amarga: que no pueda escaparse de sufrir y que no le vea ning?n sentido a su sufrimiento.
Hablando en cristiano, dir?amos que el que pretende encontrar un Cristo sin cruz, encontrar? una cruz sin Cristo; y una cruz sin Cristo resulta abrumadora, amarga, insoportable de llevar sobre los hombros, imposible de llevar en el coraz?n.

"Caminando la Iglesia en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios, que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad perfecta por la debilidad de la carne; antes, al contrario, persevere como Esposa digna de su Se?or y bajo la acci?n del Esp?ritu Santo no cese de renovarse hasta que por la cruz llegue a aquella luz que no conoce d ocaso" (LG, 9)
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