Mi?rcoles, 02 de noviembre de 2005
Saber callar, cuando hay que callar, es toda una sabidur?a; pero saber hablar, cuando hay que hablar, no es menor sabidur?a.
Hablar cuando es conveniente callar, es condenar se al fracaso; es echar a perder las cosas o quiz? empeorarlas.
Callar cuando es prudente hablar, es signo indudable de cobard?a; es no cumplir con el deber.
El silencio ser? beneficioso cuando sea m?s prudente callar; ser? da?ino cuando surja la obligaci?n de hablar. La palabra ser? ?til y productiva cuando salga de un generoso deseo de ayudar al hermano; ser? contraproducente cuando vaya envuelta en sentimientos ego?stas o en deseos de humillaci?n para los dem?s. Silencio y palabra, callar y hablar... habr? que irlos moderando y aplicando con prudencia; con esa prudencia que los convertir? de vicios en virtudes.

"Guarda del mal tu lengua; tus labios, de decir mentira; ap?rtate del mal y obra d bien, busca la paz y anda tras ella" (Salmo 34, 14). "La lengua es un miembro peque?o y puede gloriar de grandes cosas... Ning?n hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento, lleno de veneno mort?fero" (Sant. 3, 5-8).
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