Lunes, 31 de octubre de 2005
Dice la Biblia que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza; esta afirmaci?n est? henchida de significado.
Esa imagen y semejanza de Dios deber? existir en todas y cada una de nuestras acciones exteriores e interiores.
De tal forma que Dios pueda reflejarse y contemplarse a s? mismo cuando se asome a la ventana de nuestro esp?ritu.
Cada acci?n del d?a de ma?ana deber? ser, pues, una semejanza de Dios.
En cada una de ellas deberemos poder hallar un parecido de Dios por el que cuantos nos rodean puedan llegar a descubrirlo en nosotros.
Cada uno de nuestros actos deber? llevar un poco de la belleza de Dios, de la bondad de Dios, del amor de Dios.
As?, m?s que vivir nosotros en el d?a de ma?ana, ser? Dios el que vivir? en nosotros.

"Ahora te seguimos de todo coraz?n, te tememos y buscamos tu rostro. No nos dejes caer en la confusi?n, tr?tanos conforme a tu bondad y seg?n la abundancia de tu misericordia" (Dan. 3, 4-42). M?s nos conviene fiarnos en la bondad de Dios que en la de las criaturas.
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